Desagradables fragancias me envuelven, mostrando su
agradecimiento respecto a los días de atención proporcionados; seguramente,
están preguntándose: “¿Dónde se encuentran las verdades?, flores con protección
a todo riesgo, actuando con normalidad hasta el momento del cambio, cuando
salen a la luz y descubren la realidad; el tiempo deja de existir y sólo puedes
apreciar apenas un atisbo de esa reliquia indescriptible.
Las armas del futuro, aún no creadas (u ocultas), escapan de
mi campo de visión; las semanas se convierten en horas, y los segundos en años.
Las reflexiones en caminos, y los caminos en segundas opciones (que quedaran
olvidadas, junto con el espíritu que las acompañaba), rendidas a los pies del
porvenir.
No sé (sé) que pasa. No comprendo, o lo hago. Simplicidad. Opciones.
Un número moderado de ellas, arrebujadas dentro de un período corto, en el cual
no sirven la excusas, pues han desaparecido junto al polvo, en cuanto han
aparecido las fragancias.
Ello trata de escapar, de salir de ese lugar en donde ha sido
encarcelado; puedo sentirlo en cada una de mis terminaciones nerviosas, está
gritando, pidiendo ayuda. Y sólo logra hundirse aún más en la oscuridad. ¿De
qué se trata?. Una mano empujando desde el centro de mi pecho, como si fuera
otra persona intentando escabullirse sin ningún tipo de miedo a las
consecuencias que le esperan en el exterior. ¿Quién es?; creo conocerle… o a
ella.

